Falsa Alicia
Pisadas sin sentido que marcan pasos lejanos. El ConejoBlanco sigue a su propio conejo que se encuentra muy por delante mía. No sé si también es blanco pero quedarían bien los dos juntos. No tiene sentido que siga aquí. He perdido. Me he perdido…
Una vez, la Oruga me dijo que, cuando me perdiera, no me moviera del sitio para que fuera más fácil encontrarme y es lo que haré. Seguro que no me están buscando, al menos no quien me gustaría… Quiero rendirme, no hay nada más que yo pueda hacer, pero algo dentro de mi me dice que debo seguir corriendo, pero no puedo… Mi reloj se rompió, no le sobran tuercas, ruedas o resortes y ni la mantequilla, ni el té, ni el azúcar, ni la jalea, ni el limón (que lo cura todo) lo arreglarán, sólo una persona puede recomponerlo y no está aquí… Ni siquiera el Galimatazo quiere luchar, el ConejoBlanco no quiere que lo siga. Estoy tan lejos de todo… y el Mar de Lágrimas comienza a formar olas repletas de rabia, de dolor, de impotencia; nunca seré Reina, a Jack le cortarán la cabeza, el Gato de Cheshire no volverá a aparecer para indicarme el camino y, lo peor de todo, es que nunca alcanzaré al ConejoBlanco porque, cada vez, lo veo más y más lejos y no me esperará porque sólo soy una falsa Alicia y no soy digna de una madriguera… Maldigo el día que se cruzó en mi camino ese maldito Conejo y me mantuvo jugando al “corre que te pillo” durante tanto tiempo… Maldigo el día que la curiosidad por conocer un mundo nuevo se apoderó de mi… Maldigo el día que, como hoy, empecé a nadar en el mar de mis propias lágrimas…
