La Historia Interminable

La Fiesta de Té era mucho más tranquila que la última vez. Incluso, divertida. El Sombrerero no volvio a hacer comentarios personales y las tazas de té endulzaron un poco mi paso por este país.
Detrás de los arbustos unos gritos nos asustaron. El siempre inesperado Conejo Blanco nos dijo que TweeddleDee y TweeddleDum volvían a discutir por la vieja carraca. En ese momento engullí un pastel para hacerme pequeña y, prácticamente, invisible a los ojos de los que allí estábamos.
TweeddleDee siempre me contaba su odio hacia TweeddleDum por la repetitiva historia de su carraca  y, aunque yo le escuchaba siempre e intetaba poner paz entre los dos, al final siempre me encontraba en medio de la situación y acababa siendo la mala de los tres por una razón u otra. Para mí, la solución era tan fácil…
A simple vista, TweeddleDee y TweeddleDum eran una copia uno del otro, pero, en realidad no eran más que dos desconocidos que terminaban en batalla campal cualquier conversación.
Quizá, alguna fuerza desconocida, les hacía estar unidos para siempre. Yo sólo pido que a mi me dejen al márgen. Bastante duro se me hace deambular por aquí sola como para convertir sus problemas en los míos.

Esquivando las pisadas de la gente congregada en la Fiesta de Té, conseguí llegar al camino. No sé dónde ir ahora. En aquel árbol vi por primera vez a mi gato de Cheshire. Esperare por si aparece…

tweeddles

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